La previsible victoria de Dilma Rousseff en las elecciones presidenciales brasileñas de este domingo representa varios hitos simbólicos y políticos importantes, además del hecho de que se convierte en la primera mujer en dirigir el país.
Esta situación implicaría también que por primera vez en dieciseis años el Estado de Sao Paulo, que prácticamente monopolizó los dos mayores partidos políticos del país, el PT y el PSDB, estará fuera del mando de ambos.
Dilma Rousseff, del PT, nació en Minas Gerais y completó su carrera en Rio Grande do Sul. En el PSDB, de la oposición, el único líder incontestable con influencia nacional es el exgobernador y senador elegido por Minas Gerais, Aécio Neves.
Él y Dilma son los dos nuevos polos de la política brasileña. Ninguno de ellos tiene nada que ver con Sao Paulo, al contrario que Luiz Inácio Lula da Silva, Fernando Henrique Cardoso o José Serra.
La elección de Dilma también marca un cambio de generación política. Aunque ella tenga apenas dos años menos que el presidente Lula, políticamente pertenece a un grupo más joven, al igual que Aécio Neves, éste sí que mucho más joven (tiene 50 años).
Los dos son líderes de expresión nacional hace menos tiempo que Lula, Serra y Cardoso. Pertenecen a la generación que ganó protagonismo después del régimen militar y no durante su combate, como el actual presidente, su antecesor y José Serra, que fue derrotado dos veces en las elecciones presidenciales.
El resultado de este domingo corona completamente el prestigio y el éxito de Lula. Él se mostró capaz de, sólo basándose en su popularidad, elegir como sucesora a una persona que jamás había disputado unas elecciones. Se trata de un hecho inédito en la historia de Brasil.
Al contrario de lo que muchos analistas temían, los resultados del pleito de 2010 no apuntan para Brasil un futuro parecido al del México de los tiempos del PRI, cuando un solo partido dominaba prácticamente todo el país.
La mitad de los brasileños será dirigida por gobernantes que pertenecen a partidos de la oposición, incluso algunas de las zonas más importantes, como Sao Paulo, Minas Gerais y Paraná.
Además, aunque se convierta en el partido con más diputados en la Cámara, el PT no llegará a un quinto de los congresistas. A pesar de la alianza de sustentación que dé a Dilma una cómoda mayoría en el Legislativo, incluso así, ella tendrá que negociar con los partidos aliados para poder gobernar.
Es muy probable que la luna de miel de la presidenta con el Congreso y con la sociedad dure poco. Tendrá que adoptar medidas duras después del inicio del Gobierno, en especial para controlar los gastos públicos y parar un déficit en las cuentas corrientes, que seguramente no van a gustar a muchos.
Se especula sobre la posibilidad de que esas providencias sean asumidas por Lula en los dos meses que le restan de Gobierno, para evitar a su sucesora un rápido desgaste.
Pero no es probable que el presidente quiera poner en riesgo su capital del 83% de aprobación pública en beneficio de Dilma. Al contrario, hay quien dice que él aprovechará el tiempo que le resta para atraer todavía más beneficios para la población.
El papel que Lula representará en el gobierno de Dilma es una de las grandes incógnitas del futuro inmediato del país. Y él será decisivo, cualquiera que sea la actitud que decida tomar: mayor o menor presencia.
Lula puede, constitucionalmente, volver a presentarse como candidato en 2014, cuando tenga 69 años. Si las cosas no fueran tan bien con Dilma como lo fueron en los últimos ocho años, es muy probable que haya un clamor público para que él vuelva a la Presidencia.
Del lado de la oposición, Aécio Neves tendrá los próximos cuatro años para crear un nuevo PSDB, que ya no será más el de sus fundadores, y que se mostró extremadamente débil en las elecciones de este año.
Fuente y autor: Infolatam, Carlos Eduardo Lins da Silva