Energía nuclear en América Latina: antes y después del desastre japonés

17 marzo 2011

Actualmente, la energía nuclear está menos desarrollada en América Latina que en cualquier otra región del planeta — salvo África (y, por supuesto, la Antártida). Mientras que el mundo entero utiliza la energía nuclear para generar 16% de su electricidad, en América Latina este tipo de energía solo contribuye al 2% de la matriz eléctrica de la zona y a menos de 1% de su energía primaria. Gran parte del mundo en desarrollo está más o menos en la misma situación que América Latina en este sentido, pero durante los últimos años varios países asiáticos (China, en particular) han empezado – o están pensando seriamente – una expansión nuclear. Incluso América Latina se ha subido al carro del “renacimiento nuclear” – o por lo menos ha sido así hasta el desastre japonés.

Por otro lado, muchos analistas estaban todavía calculando los posibles impactos sobre las economías de América Latina de la creciente inestabilidad en el mundo árabe cuando el terremoto y resultante tsunami sacudió a Japón el viernes pasado. Paradójicamente, el precio de petróleo – que hasta hace unos días estaba subiendo por la reducción de las exportaciones de Libia a raíz de su conflicto civil y la relacionada “prima geopolítica” que la incertidumbre política había insertado en el mercado – ya está bajando, a pesar de la creciente inestabilidad en África del Norte y el Golfo pérsico: presumiblemente por el efecto negativo sobre la demanda del petróleo (por lo menos a corto plazo) producido por un nuevo bajón económico provocado, a su torno, por la triple desastre en Japón.

II.América Latina tiene 6 reactores nucleares funcionando comercialmente en este momento: dos en Brasil (en Angra dos Reis), dos en Argentina (Atucha I en Buenos Aires y Embalse en Córdoba) y dos en Mexico (Laguna Verde I y II en Veracruz).

Argentina tiene los reactores más antiguos de la región. Atucha I empezó su producción de electricidad en 1974 y Embalse en 1983. Actualmente contribuyen a más de 6% de la generación electica del país. Desde 2006, Argentina ha ido ejecutando un plan de expansión nuclear con un presupuesto de $3.5bn y que incluye la construcción de un segundo reactor en Atucha (Atucha II, del que se espera su primera electricidad para este año), la extensión de la vida de Atucha I y Embalse por unos 25 anos, y la construcción adicional de uno o dos reactores nuevos, aumentando la capacidad nuclear del país por 150%.

Brasil también tiene planes de aumentar su generación nuclear. Ya que tiene una gran vulnerabilidad a la volatilidad de hidroelectricidad (que provisiona más del 80% de la generación eléctrica total país) debido a las sequías y al cambio climático, Brasilia va a construir cinco nuevos reactores en los próximos 15 años, para aumentar la capacidad por más de 400%, incrementando la contribución nuclear a la matriz eléctrica de un 3% al 10% en 2025.

En México, 5% de la electricidad se genera con la energía nuclear. Desde 2007, ha ido elaborando un plan de aumentar la capacidad de Laguna Verde en un 20%. Para llegar a una matriz eléctrica con 35% de la generación libre de dióxido de carbono – el objetivo oficial desde el año pasado – México va a necesitar unos nuevos ocho reactores antes de 2025.

Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela han anunciado sus intenciones de crear programas de energía nuclear. Pero el martes, 15 de marzo, mientras que la situación japonesa iba de peor en peor, Hugo Chávez anunció que Venezuela iba a suspender inmediatamente sus planes incipientes para desarrollar la energía nuclear.

Sebastián Piñera, presidente de Chile, por otro lado, ha confirmado que Chile seguirá con sus planes de estudiar el desarrollo de la energía nuclear, a pesar de lo que está sucediendo en Japón. Ha dicho que no deben tener miedo los chilenos a seguir planteando cualquier forma de energía, aunque ha admitido que habrá que estudiar el caso japonés para minimizar el riesgo de accidentes similares. También, la cooperación en el terreno de energía nuclear está en su agenda con Barack Obama, quien a esta a punto a visitar a América Latina, y a Chile en particular.

III.

La crisis nuclear en Japón puede tener un impacto grave sobre el futuro de la industria nuclear mundial — y por supuesto podría terminar también limitando el renacimiento nuclear en América Latina. En Alemania, se ha decidido que unas siete antiguas plantas nucleares (las que tienen más de 30 años) se retirarán de la vida activa, por lo menos temporalmente. En EEUU, Presidente Obama ha ordenado una revisión de los procedimientos de precaución en todas las centrales nucleares norteamericanas, particularmente el funcionamiento de los sistemas secundarios y terciarios de enfriamiento– los que han fallado en Japón por los impactos del tsunami — en caso de un recorte eléctrico – por cualquier motivo, sea de terremoto o de ciber-ataque – que pueda parar el sistema principal de enfriamiento.

Mientras tanto, el comisario europeo para la energía, Günther Oettinger, junto con los ministros europeos, ha insistido en la aplicación de algunos “exámenes de estrés” (stress tests) para asegurar la integridad de las casi 200 centrales nucleares en Europa (134 dentro de la UE misma).

Los proponentes de la industria han reaccionado rápidamente de forma esperada: minimizando la gravedad de la situación y descartando la posibilidad de que algo similar pueda ocurrir en otros países donde la energía nuclear contribuye significativamente a la generación eléctrica (como en Francia) o donde un “renacimiento” nuclear está a punto de despegarse (como en EEUU o China). Pero con el paso de los días, el impacto negativo de la radiación saliendo de la central nuclear de Fukushima Daiichi en Japón parece cada vez más significativo y todavía puede resultar en un autentico catástrofe humano.

IV.

En este momento, hay 440 reactores en el mundo, que producen el 16% de la electricidad mundial. Otros 200 están en construcción y varios más están planificados. Aunque la energía nuclear podría contribuir por encima de 20% de la electricidad mundial en 20 anos, ya existían barreras (políticas, financieras y sociales/medioambientales) importantes, incluso antes del desastre japonés, que posiblemente iban a limitar tal expansión por motivos orgánicos y estructurales (es decir, motivos que no tienen que ver directamente con lo que está pasando ahora en Japón).
En este sentido, hubo un paralelo entre la situación anterior al desastre japonés y la situación nuclear durante los años 70, cuando la recesión económica y los altos tipos de interés, provocadas por la crisis del petróleo y la resultante estanflación, terminó con la primera gran expansión nuclear del mundo, incluso antes de que el accidente en el Three Mile Island en EEUU (mucho menos serio que el actual en Japón) en 1979 y la posterior catástrofe de Chernóbil en la URSS en 1986 levantó la oposición publica a la energía nuclear y cimentó el declive de la industria, por lo menos hasta la crisis energética de la última década.

A pesar de un “renacimiento nuclear” durante la última década, desde hace varios años ya ha sido cada vez más claro que la energía nuclear no era tan conveniente como se ha había vendido al mundo. A pesar de la ventaja que tiene en términos de emisiones de gases de efecto invernadero – comparado con las energías fósiles y en particular el carbón y el petróleo – la supuesta ventaja económica de la energía nuclear ha resultado ser un espejismo. Para garantizar la seguridad, los costes de construcción han subido hasta niveles prohibitivos.

El estudio de referencia sobre los escenarios de energía nuclear en el futuro (el de MIT de 2003) prevé un aumento de la contribución nuclear a la matriz eléctrica en los países desarrollados desde un 23% hasta entre un 33% y 51%, y un aumento entre los países en desarrollo – incluyendo América Latina – desde un 2% hasta entre 21% y 36% de su matriz eléctrica. Mientras tanto, la Asociación Nuclear Mundial ha previsto una expansión nuclear en América Latina de entre 7 y 21 reactores nuevos de aquí al año 2030, equivalente a un aumento de capacidad nuclear desde unos 4 GWe a entre unos 16 y 69 GWe para 2030.

Pero incluso entre los países desarrollados, la realidad se ha quedado muy corta respecto a las previsiones. Ha habido muchos anuncios y planes, pero muy pocos reactores nuevos. Con lo de Japón, solo se puede imaginar que las incertidumbres y crecientes costes relacionados con la energía nuclear solo vayan a subir, convirtiendo la energía nuclear – ya una fuente marginal en la región – en algo casi irrelevante para el futuro energético de América Latina.

Fuente y autor: Infolatam. Paul Isbell.


América Latina: crecerá un 5,1 por ciento en 2010 según BM

15 septiembre 2010

Ginebra/Miami, 14 de septiembre de 2010

América Latina ha retomado el ritmo de recuperación tras la crisis económica. El Banco Mundial augura un sólido crecimiento económico medio del 5,1 por ciento en 2010, aunque no todo es “cielo azul” en la región. En misma línea, la Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) prevé un repunte del PIB de aproximadamente el 5 por ciento, que en algunos países de la región podría superar el 6 por ciento.

“Esta es una excelente señal de que América Latina está rápidamente regresando al fuerte patrón de crecimiento que disfrutaba antes de la crisis, el más fuerte en décadas”, dijo Pamela Cox, vicepresidente de Latinoamérica y el Caribe del Banco Mundial (BM).

El voraz apetito de China y de otros mercados emergentes por materias primas de la región impulsó el robusto crecimiento de la región, además de políticas macroeconómicas fuertes y la integración con el mercado financiero internacional.

A la mayoría de los países les ha ido bien en medio del peor colapso económico mundial en más de 70 años, a excepción de Haití y Venezuela, según el organismo multilateral de financiación.

Un resultado que ha sorprendido porque en esta ocasión la región no sufrió neumonía cuando comenzaron a estornudar los países desarrollados, dijo a su vez Augusto de la Torre, economista jefe para Latinoamérica y el Caribe del BM.

Y es tal su optimismo, que asomó la posibilidad de que el crecimiento económico esté cerca del 6 por ciento, al tiempo que destacó el alza que registrarán Brasil, Perú, Uruguay, Panamá, Colombia y Chile.

Cox y De la Torre analizaron los retos y oportunidades de la región en la decimocuarta Conferencia de las Américas, organizada por el diario The Miami Herald con la participación de 500 expertos y funcionarios de la región y de Estados Unidos.

Entre las regiones emergentes, Latinoamérica es la segunda con la más fuerte recuperación después de Asia, afirmó Cox.

Latinoamérica puede sentarse a brindar por su despegue económico, pero no por mucho tiempo porque aún necesita trabajar en otras áreas para consolidar el crecimiento, de acuerdo con los funcionarios del BM.

En su agenda tiene pendiente mejorar la diversificación de la economía basada en materias primas para crear más oportunidades y generar mayores puestos de trabajo, lo que a su vez acelerará el crecimiento.

Para ello es fundamental mejorar la productividad, emprender reformas legislativas que faciliten el funcionamiento de las empresas, invertir en la infraestructura o modernizar las aduanas.

A excepción de Argentina, Chile, México y Uruguay, “los Gobiernos regionales no han hecho de la innovación una prioridad de sus políticas públicas y nacionales”.

Para De la Torre la productividad es la clave y el camino a emprender en este nuevo ambiente económico. “Con una Latinoamérica más estable y menos pobre, existen las condiciones para una buena agenda en el futuro”, concluyó el economista jefe para la región del BM.

Las previsiones de la UNCTAD

En su informe de 2010, el organismo de la ONU precisa que el repunte del PIB previsto para la región en este año probablemente “será más moderado en Centroamérica y el Caribe”.

En la tendencia positiva de crecimiento ha incidido, según el estudio, la reorientación “bastante radical” de las políticas macroeconómicas acontecida en la región después de la crisis financiera asiática de finales de los años noventa y la crisis de la deuda argentina de 2001 y 2002.

Entonces, los gobiernos de los países de Latinoamérica “emprendieron políticas monetarias más acomodaticias y una política de tipos de cambio orientada a mantener la competitividad internacional”, señala.

Rememora que entre 1980 y 2002, el PIB per cápita latinoamericano prácticamente se había estancado, paralelamente a que aumentaba el desempleo y bajaba la productividad media por falta de inversiones en capital fijo.

En este periodo, se controló la inflación mediante tipos de interés altos, lo que desalentó la inversión, a lo que se añadió la sobrevaloración de las monedas, que obstruyó el crecimiento de las exportaciones.

FUENTE: Infolatam


El agua: ¿un mercado emergente para América Latina?

18 mayo 2009

España ha sido un país que apostó por América latina. En el pasado, sus empresas invirtieron masivamente en el continente y la política exterior española se volcó también hacia Latinoamérica. Otra prueba de este interés es el recién creado Fondo Español de Agua y Saneamiento para América Latina y el Caribe, impulsado por el Gobierno de España con la Agencia Española de Cooperación (AECID) como operador principal y en el cual colaborará el Banco Inter-Americano de Desarrollo (BID). Este fondo, lanzado oficialmente en la Cumbre Iberoamericana del 2007 realizada en Chile, arranca con una dotación inicial de 600 millones de euros y podría estar en el futuro dotado hasta de 1,500 millones de dólares, una cantidad muy respetable.

Tras la reciente reunión anual del BID a finales de marzo en Colombia, vale la pena detenerse en esta iniciativa que confirma de nuevo la importancia de América Latina para España. Con cerca de 1,100 millones de euros de ayuda volcados hacia América Latina en 2007, España es uno de los principales países donantes de la región, justo por detrás de Estados Unidos. En promedio, los donantes internacionales sólo destinan un 10% de sus ayudas al desarrollo a América Latina, mientras España destina un más del 40% del total de su cooperación.

La creación del Fondo del Agua anticipa lo que es y será uno de los principales retos mundiales. Más allá de la crisis económica y financiera actual, las necesidades derivadas del agua (y de los alimentos) constituyen uno de los grandes desafíos de la humanidad. Esta apuesta también apunta a una de las grandes bazas que posee América Latina: sus recursos hidráulicos. Si bien el agua potable escasea en muchos poblados y ciudades de la región, la paradoja es que, en su conjunto, América latina posee una de las mayores reservas mundiales de este oro azul.

El objetivo del Fondo señalado es acelerar la expansión de la cobertura de los servicios de agua potable y saneamiento entre la población. Las necesidades en la región son inmensas: Las cifras del BID señalan que alrededor de 85 millones de personas aún no cuentan con acceso a agua potable en América Latina y el Caribe, y más de 100 millones no tienen acceso a servicios de saneamiento.

Todas estas cifras apuntan en la misma dirección: la necesidad de actuar en este ámbito es alarmante. Otra manera de encarar este desafío es analizar las oportunidades que pueden generar los mercados del agua. La comercialización de esta materia prima es difícil, tanto económica como política y socialmente. Sin embargo, llama la atención el hecho que América Latina sea una de las regiones mejor dotadas de este tipo de recurso frente a otras, en particular zonas como Oriente Medio o el arco asiático en desarrollo acelerado que abarca a China, Corea y Japón. De ser exportable, América Latina podría convertirse en un gigante mundial para estos mercados, abasteciendo de agua y alimentos a zonas que si bien carecen de agua, poseen activos financieros en abundancia.

Podríamos imaginar un fondo de inversión en sectores directamente vinculados al tema del agua, como el sector alimentario. Dicho fondo podría perseguir objetivos de desarrollo y financieros, es decir, buscar sostenibilidad económica. Ambos objetivos no son antinómicos, como ha demostrado el Premio Nobel Mohamed Yunus, el impulsor y padre de los micro-créditos. Yunus, de hecho, acaba de crear con su Grameen Bank y Veolia Water, la Grameen-Veolia Water Ltd, para suministrar agua potable en Bangladesh.

La cooperación internacional, en su vertiente más innovadora, impulsa también cada vez más vehículos de inversión y de capital riesgo, como demuestran agencias británicas como DFID y CDC, o la holandesa FMO. A éstas se suman agencias de cooperación o países que fomentaron fondos de inversiones buscando apostar por empresas en países en desarrollo, compaginando objetivos de rendimiento económico con la contribución al desarrollo. La cooperación suiza creó una institución de capital riesgo, SIFEM (Swiss Investment Fund for Emerging Markets), dotada de 300 millones de dólares. Antes, los suecos a través de Swedfund, los noruegos con Norfund, los finlandeses con FinnFund, y los daneses con IFU, hicieron lo mismo. España posee una agencia comparable, COFIDES, que también busca innovar en este ámbito y cuya actividad se podría potenciar.

Por regla general, estos fondos invierten relativamente menos en América Latina que en otras regiones. Swedfund, por ejemplo, dedica apenas un 7% de sus inversiones a la región, mientras destina un 40% a África. Existe por lo tanto un nicho importante para un vehículo de inversión público-privado que apueste por América Latina, y el sector del agua podría ser una de sus ejes estratégicos y temáticos (unida a otros sectores como alimentos, infraestructuras, o energías renovables).

España también podría dotarse de un fondo público-privado con una vertiente inversora que combinara una doble especialización: geográfica (América Latina) y sectorial (agua). Incluso podría combinar sus recursos y aportes con otros provenientes de empresas privadas. Esta estrategia de combinar recursos públicos y privados fue de hecho la seguida por el Emerging Africa Infrastructure Fund, dotado de 365 millones de dólares y creado en 2002 por el gobierno inglés, junto con las cooperaciones suiza, sueca y bancos privados como el británico Barclays y el sudafricano Standard Bank.

Otras instituciones internacionales o regionales como la Corporación Andina de Fomento, que acaba de aprobar 90 millones de dólares de inversiones en los sectores del agua y de saneamiento a finales del 2008, también podrían participar en este tipo de iniciativas, al igual que el BNDES brasileño, igualmente interesado en proyectos vinculados al agua y saneamiento. También podrían participar instituciones financieras del Golfo o de Asia, en particular los fondos soberanos, en búsqueda de diversificación de activos e ubicados en países carentes de agua y con la necesidad de asegurarse abastecimiento de alimentos. Recientemente, Kuwait Investment Company invirtió 400 millones de dólares en un fondo vinculado al agua y gestionado por Instrata Capital, una gestora basada en Bahréin. Temasek abrió oficinas en América latina y busca oportunidades de inversiones en este tipo de sector.

Existe, pues, una paradoja latinoamericana: la región es una de las más ricas en agua del mundo – según las Naciones Unidas, América Latina concentra un 26% de la oferta de agua mundial – pero carece de empresas globales en este sector. Las iniciativas desarrolladas en torno al tema del agua son bienvenidas, pero nos recuerdan que hay que indagar más allá de la espuma de los días, como escribía Boris Vian. Existe un océano de desafíos que enfrentar, y conviene hacerlo con innovación e imaginación.

Fuente: EUROLATAM


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