China, Gardel y los Kirchner

China y sus riquezas volvieron a embriagar la imaginación kirchnerista. El canciller Héctor Timerman inauguró la visita oficial de la Presidenta a ese país con el anuncio de acuerdos por 10.000 millones de dólares. A fines de 2004, Néstor Kirchner había fantaseado con inversiones chinas por 20.000 millones. Estaba entusiasmado: imaginaba haber resuelto el problema de la deuda y bromeaba con que pondrían su cuadro al lado del de San Martín. Se hacía llamar “Gardel”. Tal vez Timerman soñó con ser Magaldi. Pero fuentes oficiales empezaron a corregirlo: “Habrá intercambios interesantes, pero por una cifra mucho menor”, dijeron. Segundo tropiezo con la misma piedra.

No es la única repetición. Como Venezuela, China fue el campo de labranza de una diplomacia paralela en la que el papel de Claudio Uberti fue encarnado por Ricardo Jaime. Gracias a la audacia del ex secretario de Transportes en esa relación, se produjeron varias excentricidades. Tal vez la más notoria la protagonizó Federico Pinedo, presidente del bloque de diputados de Pro, cuando cursó al Poder Ejecutivo un pedido de informes sobre la compra de vagones para subterráneos a la poderosa Citic (China International Trust and Investment Company), sin licitación, y por un precio que duplicaba al de mercado. El intermediario de la operación que inquietaba a Pinedo fue Franco Macri, el padre del titular de su propio partido. El negocio se había hecho bajo la atenta mirada de Jaime.

El sucesor de Jaime, Juan Pablo Schiavi, llegó a Pekín antes que la Presidenta. Desde allí relató sus reuniones con la misma Citic para la adquisición de vagones de subterráneos. También Macri padre llegó más temprano y, entre otras adhesiones al Gobierno, manifestó: “La visita será muy importante y hay gran expectativa por los acuerdos que se van a firmar”. Schiavi conoce bien a Macri: el secretario fue jefe de campaña de su hijo Mauricio, hasta que lo capturó el kirchnerismo.

Una parte de los US$ 10.000 millones anunciados por Timerman irían para la restauración del ferrocarril Belgrano Cargas, empresa que trae más recuerdos de Jaime. El ex secretario acaba de ser denunciado por el diputado Horacio Piemonte (Coalición Cívica) por haber pagado varios millones de pesos sobre la base de facturas apócrifas o de empresas fantasmas (Inversiones y Servicios, Fuxpert S.R.L., Tueroc S.A., Tedim S.A., Nicol S.A. y Balbour S.R.L). Esas facturas fueron presentadas para su cobro por Belgrano Cargas. El ramal fue estatizado en 2008, pero cuando ocurrieron los hechos estaba gerenciado por un consorcio empresario-sindical encabezado por Macri y la china Sanhe Hopefull, e integrado también por los camioneros de Hugo Moyano, los ferroviarios de José Pedraza, la empresa Emepa de Gabriel Romero y el grupo Roggio. La denuncia de Piemonte anticipa un nuevo “caso Skanska” (a propósito de Skanska: los peritos acaban de informar al juez Norberto Oyarbide que los precios que se pagaron por la ampliación de gasoductos, que eran el doble de los presupuestados, fueron, en realidad, los justos).

El ministro de Planificación, Julio De Vido, se apresuró en aclarar que, en el caso del Belgrano, Jaime tenía autonomía para realizar los pagos. Timerman aventuró que esa línea ferroviaria recibirá inversiones por US$ 1300 millones. También esta cifra suena exagerada.

Schiavi prometió también desde Pekín que pronto estará instalado el sistema de boleto electrónico SUBE para el área metropolitana. La Presidenta lo había anunciado en febrero de 2009, y prometió que estaría funcionando en 90 días. El modelo se inspiró en el que rige en Neuquén, donde los servicios de autotransporte los presta Cristóbal López con su empresa Indalo.

Más allá del sueño ferroviario y de las peleas por la imposición de barreras paraarancelarias a los productos chinos, la visita que Cristina Kirchner inicia hoy tendrá una preocupación oculta: la posibilidad de que una compañía china pase a dominar uno de los grandes grupos energéticos de la Argentina.

El sector petrolero está agitado desde que British Petroleum (BP) insinuó que se desprendería de sus activos en la Argentina. La compañía controla el 60% de Pan American Energy, donde está asociada a Bridas. En marzo pasado, los hermanos Alejandro y Carlos Bulgheroni vendieron en US$ 3100 millones la mitad de Bridas a la China National Offshore Oil Corporation (Cnooc), un gigante de la exploración en aguas profundas. BP emitió un mandato de venta de activos por US$ 10.000 millones para hacer frente a las indemnizaciones derivadas del catastrófico derrame producido en el Golfo de México. El banco que recibió esa orden no registra los activos argentinos. Pero la revista Business Week consignó la semana pasada que existirían conversaciones entre BP y Cnooc. Panamerican Energy es la concesionaria de una joya: el yacimiento Cerro Dragón, situado en Chubut, que es el que más produce y más reservas tiene registradas.

El kirchnerismo presume que el desembarco de la Cnooc supondría un cambio muy relevante en el tablero. Sobre todo porque De Vido acaba de mostrarse orgulloso al sostener: “Hemos tratado de nacionalizar nuestra matriz energética [?] para que la Argentina sea soberana y tenga autonomía”. El modelo es importante, “pero el modelo y lo nacional van de la mano”, dijo el ministro, en una inesperada confesión sobre la intervención del Gobierno en las transacciones particulares.

Para la concepción que suponen estas declaraciones, el país que está visitando la Presidenta es el modelo del modelo. El chino es un régimen estado-céntrico, cuyos líderes podrían repetir lo que aclara De Vido: “No tenemos nada contra el capital privado”. Eso sí, los negocios son determinados por los funcionarios. Igual que en Venezuela, en Túnez, o en Libia, países con los que el Ministerio de Planificación ha privilegiado los vínculos comerciales, sirviéndose siempre del fideicomiso como instrumento administrativo.

En esta preeminencia de lo público sobre lo privado, los chinos pueden darles clases a Hugo Chávez y a los Kirchner: el gobierno de Hu Jintao acaba de conseguir que Google vuelva a aceptar su censura previa, a cambio de un negocio que deja utilidades por US$ 500 millones.

De todos modos, aun la vocación nacionalizadora y estatizante requiere de alguna eficiencia para alcanzar sus objetivos. Y en este punto, el de la eficiencia, radica la gran debilidad del kirchnerismo. El ejemplo más elocuente es el de Telecom. Uno de los candidatos oficiales a quedarse con la empresa, Matías Garfunkel, enfrenta ahora una denuncia penal en Italia por haber presentado avales del banco Barclay´s con una firma adulterada. El joven Garfunkel culpa por ese episodio a su ex socio Raúl Moneta, con quien se enemistó de la peor manera. Otro ahijado de Olivos, Ernesto Gutiérrez (Aeropuertos Argentina 2000), rompió su idilio con Gerardo Werthein, a quien ahora piensa convertir en la variable de ajuste de un acuerdo con Telecom Italia. Jorge Brito, integrante del nuevo consorcio que, en su imaginación, compuso Kirchner, se resiste a participar del juego. “Si acepta entrar en esto, lo echan de la casa”, aseguran íntimos del banquero. Además, para que el negocio pueda realizarse, hace falta que David Martínez -socio de Clarín en la explotación de la TV por cable- acepte convertir en ordinarias sus acciones preferidas en Nortel, la controlante de Telecom. De lo contrario, los cuantiosos dividendos que liquidaría la empresa irían para su fondo, Fintech.

Al fin y al cabo, el único empresario que parece quedar disponible para esta aventura es el de siempre, Cristóbal López, quien esta semana agregó más de 1000 tragamonedas a su imperio, al comprar los casinos de Corrientes.

A medida que se acercan las elecciones del año que viene, el capitalismo de amigos de los Kirchner comienza a encontrar dificultades. Es que para que ese modelo tenga éxito, debe cumplirse una premisa inevitable: hay que tener amigos.

Carlos Pagni

Fuente: lanacion.com

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