Latinoamérica sin liderazgo, profundiza diferencias entre sus países

Sudamérica no tiene liderazgo ni potenciales aliados; la región como conjunto está a la deriva. Pero los países que la conforman no están necesariamente sin dirección y eso deriva en generar mayor desigualdad en el desarrollo de las naciones sudamericanas.

¿Estrategia de desarrollo común? ¿Acumulación de fuerzas para mejorar la inserción internacional? ¿Asociación para combinar ventajas comparativas? ¿Buscar común denominador para economías de escala? No. Nada de eso. ¿Una política exterior que pueda maximizar su peso en el resto del mundo? No hay chance de que ocurra.

Unos despegan y atraen inversiones para lograr crecimiento; otros se preparan para sumarse a un camino de progreso; y otros van quedando relegados y con cuentas a pagar en el futuro.

Increíblemente esto se da en un contexto económico muy positivo para la región. Pese a algunos vaivenes, China empuja la demanda de alimentos, Estados Unidos recupera crecimiento y los precios de lo que se produce en Sudamérica están firmes. Y además hay flujos de capitales disponibles que busca destino por esta zona del mundo.

Ello no asegura crecimiento per se, pero sí da un potencial de desarrollo que puede aprovecharse haciendo las cosas más o menos bien.

¿Quién o quiénes serán los líderes de Sudamérica los próximos años?

No es Kirchner

Por primera vez, la comunidad de países sudamericanos tiene un representante político como referente, pero todos saben que aunque Néstor Kirchner ocupe el cargo de secretario general de la Unasur, no puede asumir ante terceros la representación del continente.

Cuando fue presidente en Argentina, Kirchner no se preocupó por su imagen internacional, sino que su interés estuvo fronteras adentro. Ahora no es que se haya interesado por temas internacionales sino que pretende utilizar a la Unasur como trampolín para volver a la Presidencia de su país y seguir en la conducción

Simplemente es una “chapa” internacional para uso local.

Y como a Kirchner le importa eso sobre todo, es entendible que no asuma riesgos de política exterior como para poner en juego su cargo. Kirchner sabe que accedió al cargo por voto de gobernantes que piensan muy diferente entre sí y tienen poco en común.

A Kirchner no le importa el cargo para obtener logros para la región, sino para su futuro en la propia Argentina.

El secretario de la Unasur no es líder, ni un articulador de posiciones. Lo suyo no es la negociación en busca de puntos de consenso, sino que su experiencia es la presión a unos y otros, para que cedan lo más posible hacia sus posturas.

Olvídense de Kirchner para algún impulso regional.

No es Chávez

Los presidentes con pretensiones de liderazgo son el venezolano Hugo Chávez y el brasileño Lula Da Silva.

El primero logró definir un arco geopolítico de apoyos con su propuesta bolivariana y la reivindicación de un curioso socialismo de siglo XXI. No es creíble un socialismo que dilapida recursos del pueblo para expropiar empresas sin mucho sentido o para comprar amistades políticas externas.

Pero ahí quedó su propia trampa de liderazgo.

Al armar un sub-club, Chávez quedó como cabecilla de ese subgrupo. Y como hay otro tanto de países afuera de ese círculo, queda claro que él no puede representar a un todo ni a una mayoría.

Chávez perdió fuerza en su propia lógica. Se le veía expansivo y conquistando adhesiones. No está en retirada pero se quedó sin fichas para amplificar su influencia.

¿Podrá Chávez retomar un liderazgo?, consulté a Julio María Sanguinetti que presidió Uruguay en dos períodos (1985-90 y 1995-2000). “En lo internacional con esas aventuras que intentó construir un liderazgo, ha fracasado, porque a Chávez mucha gente lo mira como el amigo, lo abraza, recibe sus regalos de Papá Noel, pero nadie se lo toma enserio”, respondió el ex presidente.

Chávez no logró ingresar al Mercosur como socio pleno en un curioso caso de desplante. Pese a que presionó duro, con su billetera petrolera y sus amenazas públicas, se quedó fuera del bloque comercial.

En julio de 2007, Chávez había expresado un aviso drástico: “Si siguen pasando las semanas, los meses de este tercer trimestre, julio agosto, septiembre, más no espero, porque no tiene ninguna razón el congreso de Brasil y de Paraguay para postergar nuestro ingreso. Si no lo aprueban, señor Canciller, preparamos nuestra solicitud de retiro”.

Se cumplen tres años de aquella amenaza. ¡Tres años! Y ni le dejaron entrar ni retiró el pedido. Quedó prisionero de la votación del Congreso de Paraguay. “No va a entrar, no le votan el ingreso”, me dijo el senador uruguayo Sergio Abreu, ex canciller y unos de los arquitectos del Mercosur.

No es Lula

Por tamaño geográfico, millonaria cantidad de población y por lo tanto gigante mercado interno, poderío económico, valoración bursátil, eje del comercio, imán para inversiones, Brasil es “el” país sudamericano.

El mundo mira más a Brasil desde que esa nación quedó incorporada al “club” de países denominado BRIC, por la sigla que identifica a los que se perciben como nuevas potencias económicas: Brasil, Rusia, India y China.

Todo eso dejaría a Brasil en condiciones de liderar naturalmente la zona.

Pero Luiz Inácio da Silva, “Lula”, maneja un concepto sutil de liderazgo. Como que si no quisiera, como se lanza pero se frena. Hay una expectativa en suspenso desde hace mucho tiempo sobre el potencial liderazgo de Brasil y eso es más que la posibilidad de Lula o de quien esté al frente del Planalto.

El ex presidente uruguayo Sanguinetti, amplio conocedor de la política brasileña no vislumbra tampoco liderazgo por el gran país sudamericano.

“Una cosa es lo que se habla y otra la que ocurre; se habla mucho del liderazgo de Brasil, que lo tiene por su peso específico, que tiene más economía, más ejército, más presencia en el exterior … ahora, ¿esa influencia mayor es un liderazgo fuerte, que realmente lo muestre al frente de una región? No, no lo es. Es el más visible e importante en ese peso de la región, pero no se le ve. Si Brasil es el 70 u 80% del Mercosur, y el Mercosur está estancado y no es un área en desarrollo, ni es la exitosa comunidad que hubiéramos deseado, es porque el líder como tal no está funcionando”.

Ahora, no es lo mismo Brasil con Lula como presidente o Brasil presidido por el actual opositor José Serra (Partido de la Social Democracia Brasileña) o la candidata del oficialismo, Dilma Rousseff (Partido de los Trabajadores).

La diplomacia brasileña tiene una línea de acción que parece independiente de quien preside el país, pero si Lula no construyó liderazgo en dos períodos y con su personalidad que trascendía fronteras, esa tarea no parece sencilla para el posible sucesor.

¿Y los otros?

En Argentina, Cristina Fernández gobierna hasta el año próximo y en este tiempo su preocupación está en generar condiciones para que su esposo Néstor Kirchner le siga en el cargo. Un ejemplo de eso es la desesperación que funcionarios del gobierno uruguayo vieron en sus pares argentinos, para que una central binacional de generación de gas pueda quedar pronta para el 2011. Quieren gas para el próximo invierno, que será de campaña electoral.

En el club del Alternativa Bolivariana para la América (ALBA) no hay muchas expectativas internacionales.

En Bolivia, Evo Morales que sigue hasta el 2014, no tiene paz política interna y la relación con sus vecinos no es sencilla. Puede acompañar a Chávez en el discurso pero poco más.

En Ecuador, Rafael Correa sigue de largo también hasta 2014 y podrá seguir reconociendo un liderazgo chavista pero tampoco incide en el concierto internacional.

En Paraguay, Fernando Lugo (2008-2013), asomó como un posible aliado de Chávez pero eso no se concretó y tiene una realidad interna muy compleja sin control del Congreso.

Desde Uruguay, José Mujica aparece con voluntad negociadora en la región pero al país chico le cuesta proyectarse. Ni puede liderar ni está dispuesto a aceptar un liderazgo externo. Procurará buenos lazos con Argentina y con Brasil y mantendrá trato amistoso con Venezuela, pero sin quedar ligado a uno. Mujica llama a ese zigzagueo la “política del zorro”.

En el otro arco ideológico tampoco se transmiten ambiciones de liderar un proceso político regional o de incidir en posturas internacionales de esta zona. Ese cierto desprecio por la cuestión de proyección internacional explica la votación de Kirchner como representante sudamericano. Como no importa, lo votan aunque haya convicción de que sirve para un cargo de esa naturaleza.

En Colombia, Álvaro Uribe Vélez será sucedido por Juan Manuel Santos (2010-14) y luego de una Presidencia tan fuerte, el nuevo jefe de Estado buscará marcar su firma. No le será sencillo.

En Chile, Sebastián Piñera asumió en marzo con el drama del terremoto y se preocupará de imponer una agenda de desarrollo, que cumpla con el progreso económico prometido, y que desde el punto de vista político, sea un golpe de gracia a la izquierda que gobernaba desde el retorno de la democracia.

En Peru, Alan García, quiere asegurar que su segunda presidencia termine tan bien como para olvidar su inflacionaria gestión de los ochenta

Cada uno su juego

Sin liderazgos, la política internacional de la región no tiene muchos puntos en común. Y así da señales confusas que no la hacen confiable para posibles alianzas de tipo político o comercial.

Se hace difícil un acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea. Cualquier acuerdo de la región con otros países se hace difícil.

Hay clima económico muy favorable pero la región en su conjunto no lo aprovechará y tampoco lo harán todos los países individualmente. Las diferencias entre naciones se profundizarán.

Nelson Fernández Salvidio

Fuente: INFOLATAM

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: