Cada vez más chambón

Con el fin de silenciar las historias incesantes emergidas del muladar de Pudreval, Chávez ondea, sin resultados, cuanto trapo rojo le tejen los cubanos formados en la truculenta escuela de Fidel. No hay día en que no aparezcan nuevos contenedores con alimentos podridos, algunos descubiertos cuando sigilosos funcionarios los sacan de almacenes oficiales para llevarlos a los botaderos de basura (como los 100 mil kilos de avena y leche hallados descompuestos en Lara el martes).

Esta semana ha sido pródiga en noticias que comprometen gravemente a “los mejores hombres” de Pdvsa, a varios ministros y hasta a dos vicepresidentes, tales como las demandas en tribunales de EEUU reveladoras de la corrupción y desorden con que se manejó la compra masiva de alimentos. Los dirigentes Juan José Molina y Leopoldo López ofrecieron datos escalofriantes que ilustran la negligencia e inmensa corrupción, de la que formó parte la ex ministra de Comercio de Cuba, Bárbara Castillo. La orgía de petrodólares trajo también maquinaria nunca puesta al servicio de la ilusoria revolución agrícola e industrial, porque se “pudrió” de óxido y de obsolescencia tecnológica antes de llegar al peladero en que Jaua convirtió a las cientos de fincas confiscadas. Venezuela ha perdido con Chávez su soberanía alimentaria. “En 12 años hemos pasado de importar 70 dólares de alimentos por habitante a $ 392, para completar una balanza deficitaria de $ 10 mil millones” (F. Olivares EU 27-02-2010). Se cacarea la “sensibilidad social” mientras a 17 estados no llega el Programa de Alimentación Escolar y, en los demás, lo hace irregularmente. Expertos prevén que los alimentos suban un 50% en 2010, castigando así a los más desposeídos. La canasta familiar llegó a Bs. 5.484 (más de 4 salarios mínimos) y hay desabastecimiento en los 10 rubros más populares. Gracias a los jinetes del Inti cabalgando a tractor por las fincas de caña, hoy importamos el 75% del escaso azúcar que consumimos. A estos destrozos unamos la gallina de Pdvsa que ya no da huevos de oro; los agonizantes Metro de Caracas y empresas de Guayana; o la salud pública que enferma con el regreso de epidemias erradicadas hace décadas, sin olvidar la demencial política exterior que incluyen amigos tan “recomendables” como Irán, Cuba y las FARC, los dos últimos en Venezuela a cuerpo de rey.

El escándalo Pdval está minando el voto y la credibilidad de Chávez, quien lejos de ordenar a sus obedientes poderes el castigo para los culpables, los declara impolutos. Para desviar las críticas, los cubanos crean un “terrorista” de utilería, chambonada gemela de aquella del “testigo estrella” en el nunca resuelto crimen de Danilo Anderson. El salvadoreño, dicen sus paisanos, tiene prontuario de ladrón de vehículos y, según su esposa, habría sido “secuestrado” y traído a Venezuela para cantar (previo libreto del Sebin) no en un tribunal, sino en Telesur, antes de enviarlo a Cuba y patear así la legalidad. Los titiriteros olvidaron mostrarle antes la foto a su marioneta, así que cuando le pidieron que describiera a Peña Esclusa, su explicación no encajaba ni en uno de los rasgos fisonómicos de quien ya está preso por un delito que nunca cometió, hecho ignorado por quienes son copia al carbón de los juristas del horror nazi. Más increíble aún fue la siembra del C4 en el hogar de Peña Esclusa. ¿Alguien puede creer que donde él vive con sus tres hijas y esposa, va a tener una bomba con la cual podría volar todo el edificio? ¿No es el C4 un explosivo que oficialmente, está solo en manos de los cuerpos de seguridad, convertidos hoy en miserables cómplices de una trama que sería risible si no fuera porque la libertad y hasta la vida de tantas personas inocentes está en juego?

Al impacto de Pdval como prueba de un Gobierno incapaz y corrupto, se une la convicción de que Chávez viola la Constitución y de que, bajo la máscara del “socialismo del siglo XXI”, está el comunismo cubano, rechazado por más del 80% de los venezolanos. Y fue precisamente el cardenal Urosa quien se atrevió a llamarlo públicamente por su verdadero nombre al denunciar que Chávez nos está llevando al comunismo. Ardió Troya: los peleles rojitos (aquí sí aplica el vocablo) le cayeron a dentelladas al cardenal Urosa y, siguiendo las aberraciones castristas, le inventaron documentos falsos. Olvidan estos infelices que la Iglesia está en primerísimo lugar en el respeto y credibilidad de los venezolanos.

De cara al 26S, no hay amenaza que valga: ni de cárcel, ni de ruptura con el Vaticano, ni conjuros “científicos” con los profanados restos de Bolívar, ni la cólera del rey desnudo chapoteando en el chiquero de Pudreval.

Marta Colomina

Fuente: eluniversal.com

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