Sí, a la legalización.

El presidente Calderón aceptó el debate sobre la posible legalización de las drogas en el marco del Diálogo por la Seguridad, Evaluación y Fortalecimiento, en respuesta a las intervenciones que se pronunciaron a favor de esa medida en el mismo foro.

Al referirse al tema dijo: “Tomo nota del debate que se ha suscitado aquí, de la regulación de las drogas. Es un debate medular. Pienso, en primer lugar, que debe darse habiendo una pluralidad democrática”.

En el mundo un gran número de expertos internacionales, de ex presidentes de sus países, de intelectuales, de artistas, de médicos y líderes de organizaciones ciudadanas se han pronunciado a favor de la legalización.

Dos documentos en esa dirección resultan particularmente importantes por su riguroso análisis y la dimensión de sus propuestas: El firmado en 2009 por los presidentes Cardoso (Brasil), Gaviria (Colombia) y Zedillo (México) y la reciente Declaración de Viena.

La tesis central de ambos textos, producto del trabajo de expertos de talla mundial, es que toda la evidencia empírica muestra de manera contundente que el enfoque prohibicionista y punitivo no reduce el consumo y sí aumenta la violencia.

En los dos se propone no sólo la despenalización para los consumidores sino avanzar en la legalización de las drogas blandas, de manera particular la marihuana, y adoptar el enfoque de salud pública y no el de seguridad pública.

Si realmente se quiere resolver el problema se deben dejar atrás mitos, dogmas y métodos inoperantes. Si se sigue haciendo lo mismo los resultados serán los que están a la vista. Hay que innovar y caminar por nuevas rutas.

En otras ocasiones he expresado de manera pública las ventajas de la legalización y ahora lo vuelvo a hacer en razón de:

El fracaso del enfoque de “guerra” de los últimos 50 años que es manifiesto en México y todo el mundo.
La evidencia de que la peor política de salud y seguridad es la prohibición que genera mercados clandestinos y violencia.
La falsedad en la afirmación de que la legalización supone más consumo. La realidad apunta en la dirección contraria.
La necesidad de romper el círculo perverso entre la venta de las drogas y los fabricantes de armas. Son estas y no las drogas las que matan.
La evidencia de que la prevención y la educación, como en el caso del alcohol y el tabaco, es lo que puede controlar y evitar su consumo.
La posibilidad de que la legalización termine con la “guerra” y permita controlar el mercado. El Estado sabría quiénes venden y también consumen.
El camino de la legalización debe ser gradual e iniciar con las drogas blandas como lo plantean los estudios internacionales. El Estado, para poder hacerlo, tiene que crear la estructura que permita su regulación y control. Entonces se dará inicio a la solución estructural del problema.

Autor: Rubén Aguilar Valenzuela
EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

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