México: Grito de júbilo…¿o de angustia?

Cien años de revolución y 200 de independencia son un buen motivo para celebrar. Pero México está triste y ni las banderas oficiales ni las muchas espontáneas, en taxis, balcones y establecimiento, consiguen levantar el ánimo de los mexicanos en estos días de fiesta.

A escasos días de la celebración de los Centenarios, el pesimismo es la nota dominante y los motivos son evidentes: la guerra contra el narcotráfico, cada vez mas cruenta y enconada; el aumento espectacular de la delincuencia común -robos y atracos a mano armada-; las terribles inundaciones, que han dejado cientos de miles de personas sin casa; el clima de enfrentamiento político entre el PAN y el PRI, y, como colofón: el incumplimiento del gobierno, ya que las principales obras previstas para conmemorar los Centenarios no se podrán inaugurar porque no están ni remotamente terminadas.

En las últimas semanas, el crimen organizado ha asesinado a 72 emigrantes y a dos investigadores del caso; ha dado muerte a dos alcaldes; ha secuestrado a otro, primo hermano del magnate de Televisa, Emilio Azcárraga, y sigue “silenciosamente” en poder de “no se sabe quién” Diego Fernández de Cevallos, el que fuera presidente del PAN y candidato a la presidencia por este partido. Hay sedes de periódicos tiroteados y periodistas amenazados, sobre todo en la zona norte, la más afectada por el narco.

Del 28 de agosto al 10 de septiembre, han sido “ejecutados” por el crimen organizado 385 personas. Y, del otro lado, 27 sicarios fueron abatidos a manos de Ejército en un solo operativo. ¡Demasiadas muertes para un país que no está en guerra!

La inseguridad ciudadana es el otro motivo de temor y angustia y esta vez nada tiene que ver con los narcotraficantes, sino que está protagonizada por una delincuencia común, frecuentemente “armada” ya que, desgraciadamente, en México, conseguir una pistola –casi siempre procedentes de las armerías de Estados Unidos- es más fácil que hacer “el puente a un vehículo” para robarlo.

El presidente Calderón, en su reciente IV Informe de Gobierno, apeló a la unidad de los partidos políticos. Pero no parece posible porque el partido gubernamental PAN, en las pasadas elecciones de julio a gobernadores y presidentes municipales, hizo una alianza “contra natura”, con el PRD para evitar que el PRI ganara en algunos estados claves, como Oaxaca, Sinaloa o Puebla. Y el PRI, que ayudó al presidente Calderón en su toma de posesión, se siente traicionado y ya ha endurecido su política de abierta oposición.

A pesar de todo, los índices económicos son positivos, más positivos, por ejemplo, que los de España. Este año la CEPAL y el servicio de estudios de BBVA calculan un crecimiento del 4,1 por ciento y el presidente Calderón ha asegurado que se han creado más de 500.000 empleos. El reverso de la moneda es que, según el Índice de Competitividad Mundial del Foro Económico (WEF), México ha bajado 6 puntos en dicho índice y se ha convertido en el cuarto país más peligroso para hacer negocios, después de Colombia, Guatemala y El Salvador.

También el presidente Calderón puede exhibir éxitos en la lucha contra el narco. Durante su mandato se han decomisado 10.000 millones de dólares en drogas e incautado 34.000 automóviles, 500 aeronaves, 6.300 granadas y 85.000 rifles. Han sido detenidos 125 “capos” y 5.108 sicarios. Estas cifras dan la medida del volumen de un negocio que se produce en Colombia, se comercializa en Estados Unidos y es México, para su desgracia, el país intermediario entre productor y consumidor.

Tal vez por la marcha de la economía y por los logros en esta difícil “guerra”, al presidente Calderón lo aprueba hoy el 45,4 por ciento, lo rechaza el 28,5 por ciento y los mexicanos que creen que el país está mejorando son el 28,5. En el mes de mayo, lo aprobaba el 41,2, lo rechazaba el 36,8 y pensaban que el país estaba mejor, el 23,2 por ciento de los ciudadanos.

Hace 100 años –es inevitable la comparación- los fastos estuvieron mejor organizados o así lo afirman historiadores como Sara Sefchovich o personalidades como Rafael Tovar y de Teresa. Las obras –el Ángel de la Independencia, hoy símbolo de la ciudad, o el Palacio de Bellas Artes- estuvieron a tiempo, pero Porfirio Díaz era un dictador. Y hoy México vive uno de los momentos más democráticos de su historia. La película El Infierno, de Luís Estrada, una sátira despiadada y una critica feroz al sistema, que se anuncia como “2010 nada que celebrar”, y que lleva camino de convertirse en “la gran película de los Centenarios”, ha sido subvencionada por el Ministerio de Cultura Mexicano (CONACULTA) y se exhibe como una de las producciones oficiales.

Los mexicanos, de todas formas, celebrarán los Centenarios y gritarán “Viva México” porque son nacionalistas y sienten sus símbolos patrios. Puede que su “Grito” no sea sólo de júbilo, sino también de angustia, de desahogo o de autoafirmación, pero gritarán. Porque, como bien decía Octavio Paz en El laberinto de la Soledad, los mexicanos gritan cada 15 de septiembre, por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año. La fiesta es el único lujo que se permiten los mexicanos y “cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo…”

FUENTE Y AUTOR:
EL ANÁLISIS DE INFOLATAM
Caridad Plaza

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