América latina en el nuevo escenario de crecimiento mundial

Cada vez se hace más evidente que la tradicional distinción entre centro y periferia de la economía mundial se está volviendo irrelevante. Incluso se podría decir que, como ha argumentado Javier Santiso, tras la crisis financiera de 2008 el centro se ha vuelto periferia y la periferia centro. Mientras en Europa se sigue hablando de cómo salir de la recesión o acelerar el lento crecimiento de quienes ya han salido, y en Estados Unidos se aumentan los estímulos monetarios y fiscales para intentar recuperar la velocidad de crucero previa a la crisis, el conjunto de la economía mundial crece por encima del 5% (con los grandes países de Asia emergente casi doblando esta cifra y muchas economías latinoamericanas y africanas también por encima).

Esto quiere decir que la economía mundial no está ni mucho menos en recesión, ni tampoco está experimentando un periodo de lento crecimiento. Más del 85% de la población mundial vive en países donde la renta per cápita crece por encima del 3%, algo que ha sucedido en raras ocasiones a lo largo de la historia (la última entre 1950 y 1973). Son los países ricos (sobre todo Europeos) los que con su sobreendeudamiento, sus poblaciones envejecidas y su falta de flexibilidad tienen dificultades para mejorar el nivel de vida de la ciudadanía.

Esta nueva realidad también está obligando a los inversores a reevaluar sus estrategias y actualizar su interpretación del binomio entre rentabilidad y riesgo. En el pasado los títulos de los mercados emergentes podrían arrojar alta rentabilidad pero tenían mucho riesgo y eran muy volátiles. Hoy, la volatilidad está en la deuda soberana de la zona euro, y el dinamismo de los mercados asiáticos y latinoamericanos, aunque no están exento de riesgos, arrojan mejores rentabilidades, incluso si tenemos en cuenta que siguen teniendo una alta volatilidad.

En este contexto, ¿dónde se ubica América Latina? Aunque existen importantes diferencias entre la inserción internacional del Cono Sur y la de los países del norte (los primeros son exportadores de materias primas, no compiten directamente con las manufacturas baratas asiáticas y no dependen demasiado ni de las remesas y del mercado estadounidense, mientras que a los segundos les sucede lo contrario), el conjunto de América Latina se ha vinculado más a la Unión Europea en los últimos años. Esta estrategia, que se plasma sobre todo en el comercio y, en menor medida, en las inversiones recibidas, tenía como objetivo reducir la dependencia de Estados Unidos y diversificar las fuentes de crecimiento. Además se concretó en acuerdos de asociación y libre comercio con la Unión Europea.

Este “giro hacia Europa” parecía muy razonable: permitía diversificar riesgos, reducir la histórica hegemonía del dólar en la región y trazar nuevos lazos con un continente cuyo modelo socio económico se admiraba. Sin embargo, en el actual contexto, parece que tener a la Unión Europea como destino privilegiado de las exportaciones y fuente principal de inversión no es la mejor de las decisiones. Al mismo tiempo, los lazos comerciales con China e India no han hecho más que aumentar, aunque en muchos países son vistos con mayor recelo que la relación con la vieja Europa, culturalmente más próxima y que se percibe menos como amenaza que China.

Por lo tanto los líderes latinoamericanos, sobre todo los del Cono Sur, se ven en la disyuntiva de reforzar la apuesta asiática, que permite mantener altos ingresos por exportaciones pero que puede resultar un espejismo, o mantener la apuesta europea, lo que supone cruzar los dedos para que la recuperación europea sea más rápida. En todo caso, lo que resulta evidente es que América Latina ha aumentado sus opciones pero ahora tiene la responsabilidad de tener que rediseñar su modelo de inserción internacional, que durante décadas le venía impuesto desde fuera, desde el viejo centro.

Fuente y autor: Infolatam, Federico Steinberg

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