La apuesta de Obama por Centroamérica

La visita que Barack Obama inicia hoy a El Salvador se antoja de gran trascendencia debido a que Centroamérica se ha convertido actualmente en la zona más en peligro y delicada de América.

La debilidad de los estados centroamericanos unida a la fuerza de los cárteles de la droga provocan que estos países corran el riesgo de convertirse en estados fallidos o narcoestados poniendo en peligro la gobernabilidad de la región.

En octubre de 2009, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) advirtió que Centroamérica es una de las regiones más violentas del mundo, con una tasa de homicidios de 33 por cada 100.000 habitantes en 2008, algo más de tres veces el promedio mundial.

Entre 2003 y 2008 “la violencia homicida se cobró la vida de cerca de 79.000″ personas. Honduras se situó al frente de las estadísticas al registrar 58 homicidios por cada 100.000 habitantes, seguido por El Salvador (52) y Guatemala (48).

Centroamérica, zona prioritaria para Obama

La prioridad es por tanto la seguridad.

En su discurso de ayer en Santiago de Chile, Obama fue claro cuando dijo: “ahora que los países de Centroamérica formulan una nueva estrategia regional de seguridad, en Estados Unidos estamos listos para poner de nuestra parte por medio de una nueva alianza que le preste atención a lo que lo requiere: la seguridad de nuestros ciudadanos. Y con socios regionales e internacionales, nos aseguraremos de que nuestro respaldo no solamente esté lleno de buenas intenciones, sino que esté bien coordinado y sea gastado debidamente”.

Cinthya Arnson, directora del Programa Latinoamericano del think tank Woodrow Wilson Center de Washington, aseguró al diario El Mundo de El Salvador que, por esta razón, Centroamerica será una zona prioritaria para la administración Obama.

“Después de ser ignorada en Washington por muchos años, Centroamérica está de regreso en la agenda política. La razón es desafortunada y tiene que ver con las crecientes actividades del crimen organizado, particularmente en el “Triángulo Norte”, El
Salvador, Guatemala y Honduras”, dijo Arnson.
La presión que padecen los carteles de la droga en México ha provocado que los narcotraficantes busquen nuevas rutas entre las áreas de producción de droga (la región andina) y su mercado más grande (Estados Unidos).

Esto es lo que ha terminado por poner a Centroamérica en la mira de los cárteles.

Por ese motivo, Michael Shifter de Diálogo Interamericano considera que “no hay duda que en Washington hay una creciente preocupación por el tema de seguridad en Centroamérica, obviamente en México, pero también extendido hacia Centroamérica y hay una lógica búsqueda de socios e interlocutores confiables con quien trabajar en una estrategia más regional y creo que si uno mira la región, la administración Funes es la opción lógica para tener, buscar, ayudar y contener la violencia en la región”.

Lo gobiernos de la región centroaméricana llevan tiempo alertando del grave y creciente problema que están afrontando:

El hondureño Porfirio Lobo confesó a Andrés Oppenheimmer que ”los carteles se están viniendo para acá…La delincuencia nos está afectando bastante, y de muchas formas, entre otras frenando la inversión…Es una delincuencia mucho más sanguinaria de lo que habíamos visto hasta ahora…Comparativamente, los narcos tradicionales son niños de escuela”.

En esa misma línea, el guatemalteco Alvaro Colom aseguró recientemente que “el crimen organizado no nos está infiltrando; me duele decir que el crimen organizado, particularmente el narcotráfico, nos tiene copados a toda la región (de Centroamérica)…Estamos copados. Y los esfuerzos de cada país no son suficientes para afrontarlos; solo la incautación de armamento que hicimos en Alta Verapaz es más armamento que algunas brigadas del ejército”.

De hecho, el presidente de Guatemala tuvo que declarar en diciembre y por cerca de tres meses, el estado de sitio en el departamento norteño de Alta Verapaz con el fin de recuperar el territorio, que estaba bajo el control del grupo de Los Zetas.

“Centroamérica se ha convertido, por lo tanto, en un terreno propicio para el narcotráfico, donde operan cárteles domésticos asociados a grupos criminales de otras naciones”, según ha llegado a confesar el presidente salvadoreño Mauricio Funes.

Se ha detectado, incluso, la posible presencia de podesosos cárteles, como el de Sinaloa en El Salvador, que buscan infiltrarse en las fuerzas de seguridad y establecer contactos con los cárteles locales, denunció recientemente el ministro de Defensa salvadoreño, David Munguía Payés.

Un plan para Centroamérica

Así pues, la propuesta de Barack Obama, según confesó al diario Prensa Gráfica es “enfrentar el problema de la seguridad ciudadana en Centroamérica (trabajando) juntos en sociedad con los países centroamericanos y con otros a quienes hemos invitado a que compartan sus experiencias, talentos y recursos para fortalecer los esfuerzos para beneficio de la gente en toda Centroamérica (formando)…una alianza flexible para apoyar la seguridad ciudadana en Centroamérica, tomando en cuenta los recursos y las capacidades de cada país y región, así como las de nuestros aliados”.

Por todas estas razones los gobiernos centroamericanos piden al que encabeza Obama un plan regional equivalente a una Iniciativa Mérida cuyo coste rondaría los 900 millones de dólares.

Sin embargo, el presupuesto de la administración Obama para 2012 mantiene en 100 millones de dólares los fondos estadounidenses para la lucha contra los cárteles en América Central y República Dominicana, una rebaja con respecto a hace dos años.
En 2010, Washington decidió crear un fondo de $130 millones para CARSI, la iniciativa Regional de Seguridad para América Central. Su objetivo es responder a las amenazas que existen en la región y aprovechar estrategias y programas existentes de ámbito tanto bilateral como regional.

CARSI se propone “detener el flujo de narcóticos, armas y dinero en efectivo generado por la venta de drogas, y hacer frente a las pandillas y organizaciones delictivas…prevé fortalecer e integrar los esfuerzos de seguridad desde la frontera suroeste de Estados Unidos hasta Panamá, incluyendo las aguas litorales del Caribe. El objetivo deseado de CARSI es producir una región más segura donde las organizaciones delictivas ya no tengan el poder de desestabilizar a los gobiernos o de amenazar la seguridad nacional y regional o la seguridad pública, así como impedir la entrada y propagación de drogas ilícitas, violencia y amenazas transnacionales a los países de la región y a Estados Unidos”.

La Secretaria de Estado Hillary Clinton aseguró entonces que “EE.UU. se ha comprometido con la seguridad ciudadana en América Central. […] Estamos haciendo todo lo posible para luchar contra la corrupción y la impunidad, para proporcionar los equipos y el apoyo que la policía y los militares necesitan, y para ayudar a consolidar la sociedad civil para que resista el flagelo del narcotráfico”.

Hace un mes, el Secretario de Estados Adjunto de la Oficina Antinarcóticos y Aplicación de la Ley de Estados Unidos, William R. Brownfield, anunció un fondo adicional de $1.75 millones para programas de CARSI dirigidos: ” hay que exigir más, no necesariamente más recursos –aunque eso sería positivo, pero son limitados– sino en cuanto a políticas regionales más globales, porque los carteles siempre van dos pasos adelante a las propuestas programáticas, entonces tiene que haber una política más audaz para estar a la altura del desafío”.

Como en los años 80, Centroamérica vuelve a ser una prioridad de la política de Estados Unidos pues, como destaca Cinthia Arnson, el gobierno de Barack Obama está muy preocupado por la viabilidad de los estados centroamericanos: “la violencia y la corrupción asociada con los carteles tiene el potencial de deshacer todas las victorias democráticas alcanzadas en El Salvador desde el fin de la guerra. También hay un gran nivel de preocupación sobre las alianzas crecientes entre las pandillas juveniles, las maras y los traficantes de drogas que, si se permite avanzar sin control, podrían causar una amenaza mayor a la gobernabilidad”.

Fuente y autor: Infolatam. Rogelio Nuñez.

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