MANAGERS CON SABOR LATINO

¿Existe un estilo latino de gestión? Por qué cada vez más iberoamericanos e hispanos conquistan las cúpulas directivas de las grandes multinacionales europeas y estadounidenses.

Durante años se ha observado la ola demográfica hispana. Se ha debatido el futuro potencial político de este conjunto en Estados Unidos, y tanto españoles y portugueses como latinoamericanos han especulado sobre estrategias para aprovechar el creciente, pero todavía latente, poder que los “ibero-hispano-latinos” podrían ejercer en la cuenca Atlántica en general y en EE UU en particular.

En la última década también se ha producido el auge de las llamadas “multilatinas”, multinacionales que desde México, Brasil y toda América Latina iniciaron adquisiciones y expansiones internacionales, subiéndose al mismo carro que los españoles y portugueses. Algunas incluso iniciaron operaciones de gran calado en los países de la OCDE, extendiéndose más allá del perímetro “ibero-hispano-latino”.

Pero menos conocido es el aumento de la presencia de empresarios y administradores latinos y hispanos en multinacionales globales. Estamos asistiendo, tanto en EE UU como en Europa, a la llegada de managers latinos a las cúpulas directivas de estas grandes empresas que operan en todo el mundo. Parece que el anhelado potencial no es solo cuestión de futuro, ya está realizándose.

¿Pero a qué se debe esta presencia tan notable? En primer lugar, este nuevo alto perfil del manager y empresario latino es sobre todo consecuencia de la consolidación socioeconómica de España y Portugal, primero, y de América Latina, más recientemente. En los últimos 20 años, las economías iberoamericanas han ido transformándose, de tal modo que la distinción entre la OCDE y el mundo latino cada vez ha sido menos relevante.

¿Hay un perfil específico o un activo identificable que otorga a estos nuevos directivos latinos una ventaja competitiva en los sagrados centros de mando corporativo global? ¿Existe un estilo latino de gestión? Estas preguntas nos conducen al creciente cosmopolitismo del mundo globalizado y la emergencia del latino cosmopolita.

En una economía cada vez más globalizada y competitiva -y algunos añadirán, también más impredecible y volátil- el mundo latino es como un BRIC cultural dentro del sector privado, particularmente en el terreno de los recursos humanos. Sus líderes empresariales han penetrado al centro mismo del sistema nervioso de la industria multinacional de Occidente. Ni los chinos, los rusos o los indios han conseguido tal logro.
¿Cómo aprovechar este cosmopolitismo?

El papel de las diásporas empresariales ha sido clave en el desarrollo de muchos Estados. Hay pueblos que han sabido movilizar sus diásporas para impulsar el desarrollo económico y empresarial en sus lugares de origen. Los casos más llamativos son los de India, China (y Taiwan) o Israel. Los vínculos con las diásporas indias, israelíes o taiwanesas de la Silicon Valley han sido clave para desarrollar las industrias y servicios tecnológicos en estos países. Hoy en Bombay, Tel Aviv o Taipei se concentran algunas de las mayores densidades de empresas tecnológicas del planeta. En todos estos casos, hubo una política activa para movilizar este talento, sea de manera directa o indirecta, buscando acelerar la circulación y el vaivén de personas, ideas y capitales. ¿Posee el mundo latino un potencial similar para movilizarse y fomentar la innovación?

En realidad, llama la atención el gran número de empresarios y directivos hispanos o latinoamericanos al mando de multinacionales estadounidenses y europeas, sea en puestos de dirección o como creadores y desarrolladores de negocios en los diferentes sectores tecnológicos. Estos nuevos argonautas de los tiempos modernos podrían ser movilizados por sus respectivos países, creándose incluso estructuras de asesoramiento para los gobiernos (en Israel, por ejemplo, existe un comité de innovación directamente vinculado con el Primer Ministro).
Pero hasta la fecha, la diáspora latina ha ido evolucionando sin dirección o intervención estatal notable. Probablemente, esto se debe al hecho de que no es estrictamente nacional -como las de Israel o India, por ejemplo- sino transnacional. Aunque el Gobierno español ha intentado desarrollar una estrategia para fomentar el potencial de los hispanos en EE UU, y para profundizar sus vínculos políticos y económicos con España, debe ser obvio que el antiguo poder colonial nunca va a tener éxito en este empeño si no tiene socios latinoamericanos importantes.

Quizá una plataforma transnacional adecuada para el diseño de una estrategia latina para su gran diáspora seria la Comunidad Iberoamericana. Quizá podría formarse dentro de ella un grupo de trabajo que estudiara las dinámicas de las diásporas históricas e imaginara la manera de aprovechar económicamente el potencial de los líderes latinos en el mundo empresarial y tecnológico. La Secretaría General Iberoamericana en Madrid debería considerar la creación de un task force de sabios, abordar el tema de la diáspora y su influencia en EE UU y Europa, así como su potencial como catalizador en el terreno de la innovación y la productividad, dos asignaturas pendientes aún en el mundo latino.

Fuente y autores: FP en español. Javier Santiso y Paul Isbell

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