¿Volverán los controles de capital a América Latina?

20 noviembre 2009

Una vez que la economía mundial, liderada por Asia y América Latina, empieza a dejar atrás la recesión, las monedas de las economías emergentes han vuelto a experimentar una fuerte apreciación. En el fondo lo que está sucediendo no es más que una corrección de la súbita y poco justificada depreciación que sufrieron monedas como el real brasileño, el peso mexicano o el won coreano ante el pánico financiero que siguió a la quiebra de Lehman Brothers a finales de 2008.

En aquel entonces, se produjo una huida hacia la seguridad que llevó a los inversores a refugiarse en activos denominados en dólares, olvidando transitoriamente que los desequilibrios externos de la economía estadounidense tarde o temprano llevarán a una caída del billete verde. Hoy, una vez que la normalidad está volviendo a los mercados y que los países de América Latina retoman su senda de crecimiento, se da la situación contraria: el dinero regresa a las economías emergentes y, si sus monedas flotan libremente, tienden a apreciarse.

Para Brasil, líder de la recuperación en América Latina, estas fuertes entradas de capital han llevado a una apreciación demasiado fuerte del real, que preocupa a las autoridades porque está dañando la competitividad precio de sus exportaciones y poniendo en peligro la recuperación. Por ello, a finales de octubre, el gobierno, mezclando pragmatismo y heterodoxia, decidió imponer un impuesto del 2% a las entradas de capital a corto plazo (no a las inversiones directas, que tienen vocación de permanencia en el país a largo plazo). Pretende así frenar la entrada de “dinero caliente”, evitar la aparición de una burbuja especulativa, suavizar la tasa de apreciación de su moneda y, de paso, tener ingresos fiscales adicionales, que en momentos como el actual no le vienen mal para cuadrar las cuentas públicas.

Pero esta “pequeña” medida ha reabierto el debate sobre las virtudes y los defectos de los controles de capital. Este debate se produce precisamente en un momento de confusión ideológica y revisión de los paradigmas económicos dominantes donde viejas propuestas intervencionistas, que parecían haber quedado descartadas hace años, se miran con nuevos ojos.

El FMI, fiel a su tradición liberal, ha criticado esta medida por considerarla poco efectiva. Y tiene razón en subrayar que estos pequeños impuestos no lograrán frenar completamente — y menos aún revertir — las tendencias del mercado (para ser efectivos tendrían que ser impuestos muy altos, que ningún país integrado en la economía mundial quiere establecer). Sin embargo, autores críticos como Rodrik han defendido que los controles sí pueden ser útiles para reducir la volatilidad del tipo de cambio, así como para ahuyentar los flujos de capital “especulativo”, que según un creciente número de investigadores aportan muy poco al crecimiento económico y son desestabilizadores.

Este debate, al igual que el que se refiere al establecimiento de un impuesto global sobre las transacciones financieras internacionales (la llamada tasa Tobin) nos acompañara durante los próximos años. Pero desde un punto de vista práctico lo importante es saber si otros países en América Latina seguirán los pasos de Brasil (recordemos que Chile ya impuso estos controles entre 1991 y 1998).

Los países que más tentados se sentirán a gravar las entradas de capital son los que están sufriendo una apreciación más rápida de sus monedas, los que dependen más de las exportaciones para su crecimiento y los que comienzan a percibir burbujas en sus mercados bursátiles. Además, aquellos que tienen mayores presiones inflacionistas, y para los cuales es más difícil esterilizar las intervenciones directas del Banco Central sobre los mercados de divisas (que son una alternativa a los controles de capital) también podrían recurrir a estos impuestos.

Un rápido vistazo a la realidad de la región sitúa a Chile, Colombia y Perú como posibles candidatos y descarta que México vaya a utilizarlos por el momento. Pero, en todo caso, si otras economías emergentes (sobre todo en Asia, Oriente Medio y África) se suman a Brasil, este debate, que todavía es marginal, podría situarse entre los grandes asuntos de la reforma del sistema financiero internacional.

Fuente: INFOLATAM

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